¿Un golpe duro para el motociclismo? No, un golpe duro para todos los que compartimos ciertos valores. Yo no lo conocía, dicen que era un tio grande, no soy muy aficionado a las motos, ni siquiera las sigo... Pero siento su pérdida.
De hecho las motos me gustan pero siempre me he intentado mantener alejado, aunque no por mi mismo, sinó por una especie de "respeto" a mi familia. ¿El motivo? Mi hermano también murió en una moto, un tio grande también... Era diez años mayor que yo, su gran pasión eran las motos, la mía los coches. Nos separaban dos ruedas... y nos unía todo lo demás.
Ahora mucha gente se pondrá a buscar culpables, a decir lo pelígrosísimas que son las motos.... No nos engañemos, se le podría haber caido una maceta encima andando por la calle el día anterior a la carrera. Y ojo, no me malinterpreteis, me parece muy bien que investiguen las causas y hagan por mejorar la seguridad en los circuitos, solo digo que últimamente a la sociedad le encanta buscar monstruos donde no los hay.
Mi más sentido pésame a los familiares, amigos y seguidores de Simoncelli.
martes, 25 de octubre de 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
Vuelve mi blog!
Después de años de abandono, lo he recuperado. Así que voy a hablar un poquito de mi situación actual.
El mar muchas veces nos inspira sentimientos de nostalgia y tristeza, supongo que será por que siempre está ahí, porque nunca se "mueve" y permanece a la espera. Quizá sea por su movimiento lento y tranquilo. Quizá sea por la inmensidad que nos inspira el temor a sentirnos pequeños e insignificantes.
Eso si, cuando el sentimiento que nos provoca el mar se ve compensado por algo más grande que la propia vida, la nostalgia se convierte en entusiasmo, la tristeza en alegría, el temor en valentía y el hecho de ser insignificantes o no, nos importa un pimiento.
Conocer a mi niña es lo mejor que me ha pasado nunca, mi "visión del mar" ahora, dista mucho de lo que era.
El mar muchas veces nos inspira sentimientos de nostalgia y tristeza, supongo que será por que siempre está ahí, porque nunca se "mueve" y permanece a la espera. Quizá sea por su movimiento lento y tranquilo. Quizá sea por la inmensidad que nos inspira el temor a sentirnos pequeños e insignificantes.
Eso si, cuando el sentimiento que nos provoca el mar se ve compensado por algo más grande que la propia vida, la nostalgia se convierte en entusiasmo, la tristeza en alegría, el temor en valentía y el hecho de ser insignificantes o no, nos importa un pimiento.
Conocer a mi niña es lo mejor que me ha pasado nunca, mi "visión del mar" ahora, dista mucho de lo que era.

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